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    Historia

    7 de Noviembre de 2013 a las 11:05


    La pasión de Jesús Fernández García tras 35 años de oficio no remite, sus pequeñas obras de arte en miniatura que recrean a la perfección los pasos de la Semana Santa leonesa cobran protagonismo.

    Jesús Ángel Fernández García ha conseguido lo que pocos, aunar la obligación con la devoción. Restaurador por vocación y por tradición familiar, es ya el tercer eslabón de una familia de artistas. 

    Su padre, también restaurador, fue su mentor y el que le inculcó el gusto por el oficio. Más conocido ha sido su abuelo, el pintor leonés Cayón Jesús Fernández Espino, responsable de la ardua tarea de reproducir por cuenta propia los dibujos de las vidrieras de la Catedral de León durante la Guerra Civil, movido por el miedo a que una bomba desafortunada las destrozara sin posibilidad de volver a recuperar nunca la belleza de esas pinturas. "He tenido los mejores maestros", asegura Jesús.

    Imaginería, escultura, ebanistería, Jesús Fernández restaura, remodela y deja como nuevo cualquier mueble, pintura o talla con la precisión que se consigue tras 35 años desempeñando una profesión que como no podía ser de otra manera se conoce al dedillo.

    ¿Su afición? Elaborar cada año un trono de Semana Santa en miniatura, con todo lujo de detalles, por el placer de crearlo y para difundir y dar a conocer su trabajo. Este año le ha tocado el turno a la piedad de la cofradía de Minerva y Vera Cruz como conmemoración a sus 400 años de vida. El Nazareno, la Dolorosa, el San Juan de la cofradía del Dulce Nombre , el Cristo de los Balderas dedicado a las Siete Palabras de León y el Cristo Yaciente dedicado a la cofradía de Angustias y Soledad son algunas de estas pequeñas obras de arte que pueden contemplarse expuestas en la quinta planta de El Corte Inglés.

    En su pequeño taller de la calle San Fructuoso la crisis económica también se ha notado. Sus clientes, anticuarios, particulares e iglesias, han reducido el número de sus encargos. "Antes los anticuarios venían cada semana y ahora me traen una cosa al año". Asegura que antes el número de pedidos era agobiante, ahora en cambio, las tareas diarias se llevan a cabo con más tranquilidad. No obstante, afirma que el trabajo no falta "así que no me puedo quejar".